|
El seminario tiene que estar en primer lugar, muy unido a la problemática y a los sentimientos propios de la Iglesia; de manera especial, de la Iglesia peregrina en nuestra Arquidiócesis de Managua.
Se nos dice que el seminario es el “corazón de la diócesis”; pues bien, debe palpitar en el corazón de cada parroquia y en el corazón de cada párroco. Creo que debe ser un signo de comunión y el lugar donde todos; obispos, sacerdotes y laicos, tengamos nuestra mirada. Pues aquí están los próximos ministros que en el nombre del Señor van a llevar esa Palabra y esa Buena Noticia de salvación.
En el corazón de Monseñor Leopoldo, tienen un lugar especial sus “hijos pequeños”: ¡Los seminaristas!
Empiezo mejor por decir que yo a ellos les quiero con un corazón de padre. Y ésta ha sido quizá la experiencia más hermosa que he podido descubrir en estos años de ministerio: “la dimensión de padre”.
En los seminaristas veo a los “hijos pequeños” de esta familia de la arquidiócesis, a los que tengo que comprender; incluso en sus limitaciones, como el padre de familia hace con sus hijos. Mi intento es formarles para que el día de mañana sean hombres responsables. Y debo formarlos, para que el día de mañana cuando Dios les conceda la gracia del ministerio sacerdotal, sean esos sacerdotes según el corazón de Cristo.
Con el cariño de Padre, Pastor y Amigo.
+ Leopoldo José
Arzobispo |